A la caza de los Big Five de África

El continente africano es un lugar maravilloso para cualquier amante de la naturaleza. Tanzania, Kenia, el Congo, Sudáfrica… todos ellos comparten un profundo respeto por la vida salvaje y la fauna que habita en sus bosques y sabanas. Quienes los visiten, podrán tener a tiro de piedra (literalmente, aunque no recomendable) cientos de especies que hasta ese momento solo han visto en los documentales de TVE. De entre todas ellas, hay un pequeño número que forma un selecto grupo dentro de la fauna del continente. Son los llamados Big Five de África, y verlos en la naturaleza supone un reto y un privilegio para todo el que viaje al continente africano.

Al revés de lo que se pueda pensar, el término Big Five no hace referencia al tamaño de los animales. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando los conquistadores comenzaron a colonizar el continente. Estos colonizadores, aficionados a la caza, crearon un grupo con los cinco animales más difíciles de cazar de la región, aquellos que suponían un verdadero trofeo para cualquier cazador. Hoy en día, el término se sigue manteniendo, aunque ahora, por suerte, durante un safari  es más común escuchar el disparo de un obturador que el de un rifle de caza.

Estos son los miembros del selecto grupo de los Big Five de África:

El león

El rey de la selva. Foto: Francisco Elorriaga

 

El rey de África, de eso no cabe duda. Este imponente depredador – que en nada se parece a lo que se puede ver en un zoo – patrulla su territorio con la elegancia y parsimonia de quien sabe que no tiene nada que temer. Es tal vez el más deseado de los cinco, y es una suerte porque no resulta muy difícil de ver. Viven en grandes manadas y lo frecuente verlos a campo abierto. Lo que sí es difícil es verlos en cualquier posición que no sea la de tumbado. Nosotros pudimos ver estos magníficos animales a unos metros de nosotros en el Ngorongoro y en la llanura del Serengueti.

El elefante

Elefante. Foto: Francisco Elorriaga

Es el animal terrestre más grande del planeta. Para este sí que es prácticamente imposible esconderse de los disparos de las cámaras de fotos. Se mueven en manadas de hasta cien individuos y no tienen problemas en acercarse a los coches de los viajeros. Su único propósito en la vida parece que es el de alimentarse. Alimentarse y destrozar arboles. Si ves que de repente todos los arboles que te rodean han sido destruidos, no hay duda; un elefante ha pasado por allí.

El búfalo

Manada de búfalos. Foto: Francisco Elorriaga Ferrández

No nos dejemos engañar por su aspecto manso. Este animal es un auténtico tanque con patas. Aunque parezca increíble, posiblemente sea el más peligroso de los cinco. Es un animal tremendamente temperamental y protector para con los suyos. Si sintieran que están en peligro, podrían meter en problemas hasta al mismísimo Mufasa.

 

El rinoceronte

Rinoceronte… se intuye. Foto: Francisco Elorriaga

Si hemos dicho que un búfalo es un tanque con patas, este, además, está acorazado. A diferencia de los tres anteriores, el rinoceronte es un animal solitario, por lo que no es tan fácil de ver. Viven aislados y únicamente se juntan para procrear. Aunque normalmente es un animal de carácter tranquilo, hay que tener mucho cuidado de no enfadarle. Una de sus embestidas podría acabar muy mal para el pobre diablo al que pille de por medio. En la actualidad, es un animal que está en grave peligro de extinción. Además de la caza furtiva, otros de los motivos por los que se encuentran en peligro es el poco porcentaje de éxito que tienen durante sus relaciones sexuales.

 

El leopardo

Leopardo. Foto: Francisco Elorriaga Ferrádez 

Por su forma de vida y su carácter, es el miembro más difícil de ver de los cinco. Viven en solitario y acostumbran a estar en las ramas de los árboles. Personalmente, es el animal más sorprendente de esta lista. También es el más peligroso. Además de tener el porcentaje de éxito más alto en cuanto a caza, le encanta hacerlo. Tanto si está hambriento como si no. Su actividad es plena, tanto de día como de noche. Es capaz de trepar a lo alto de un árbol y dejarse caer para emboscar a sus víctimas. Durante nuestro viaje, tuvimos la suerte de poder ver a un leopardo acechando sigilosamente a un gran grupo de cebras. Sus movimientos sinuosos mientras se mantenía agazapado entre la hierba fue algo imposible de olvidar.

 

Leopardo de caza. Foto: Francisco Elorriaga

 

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