Aventura africana: A la “caza” del leopardo

El leopardo es uno de los animales más difíciles de ver del continente africano. Es pequeño, solitario y suele estar entre las ramas de los árboles. Os cuento cómo fue nuestra experiencia hasta dar con este letal asesino en Tanzania.

Desde nuestra llegada a Tanzania nos había ido diciendo que sin duda este era el más difícil de ver. Por su tamaño, por sus hábitos y por ser un animal tremendamente solitario, sabíamos que el leopardo es uno de los animales más esquivos del continente africano. Mucho más que el resto de los llamados “Big Five”.

Los elefantes son animales que, ademas de moverse en enormes manadas, miden más de dos metros de alto. Los leones son los reyes de África, no necesitan esconderse de nadie. Los rinocerontes son más difíciles de ver porque quedan pocos, pero los que quedan tienen difícil eso de esconderse… Tampoco es complicado ver una manada de casi doscientos búfalos negros. Todo es mucho más difícil con el leopardo. Es un animal que vive aislado del resto de sus especie salvo por breves periodos de tiempo (el que necesita para hacer cochinadas). Es tan solo un poco más grande que un perro y, por si fuera poco, le encanta trepar a los árboles… ¿Os vais dando cuenta de por qué es tan dificil de ver?

Abandonamos el Ngorongoro

Ya llevábamos cuatro días recorriendo los paisajes naturales más espectaculares de Tanzania. Habíamos visto a nuestros primeros elefantes en Tarangire y nos habíamos quedado prendados del Ngorongoro, un paraíso para la fauna salvaje. Durante esa misma mañana, había tenido lugar nuestro mágico encuentro con una enorme manada de leones (¡los tuvimos tan cerca!). Ya habíamos visto cuatro de los Cinco Grandes. Solo faltaba uno, el más difícil. Y no sería en el Ngorongoro donde lo veríamos. A la hora de comer abandonamos el cráter para dirigirnos a la llanura del Serengeti.

La consigna que nos habían dado nuestros guías era clara; “mirad en las ramas de los árboles”. No había mucho más que decir… Ahí íbamos todos, con el cuello tan estirado que resulta incomprensible que ninguno terminara con tortícolis. Mirábamos con atención a cada acacia o baobab que se nos cruzaba en nuestro camino.

“¡AHÍ”

Gritó uno, segundos antes de darse cuenta de que solo era el nudo de la rama de un árbol. Menudo capullo, jugar así con la ilusión de las personas…

¡Lo han visto!

El Serengeti es un lugar muy diferente al Ngorongoro. Su significado es “llanura sin fin”, así que ya podemos hacernos una idea de cómo es este parque natural. Durante nuestras primeras horas aquí vimos guepardos, leones, cebras, ñus… Pero seguía sin haber rastro de los leopardos. Parecía que iba a acabar otro día sin verlo cuando, de repente, sonó la radio del coche… ¡Lo habían visto! Uno de nuestros coches había visto un leopardo entre unos matorrales. Estaba a tan solo un par de kilómetros de nosotros.

¡Os juro que apenas se veía! Foto: Francisco Elorriaga

Llegamos y nos asomamos cuanto pudimos por el techo descapotable de nuestro 4×4. Había una zona de matorrales, sí, pero ni rastro del animal. Cómo era posible que no lo viéramos… ¡Si es amarillo! De repente, algo se movió entre la vegetación. Una piel amarilla con manchas circulares negras. De la espesura verde apareció un precioso leopardo. Caminó elegantemente junto a nuestros coches, prestándonos la misma atención que a las piedras de su alrededor (menos mal que no saben que nosotros podríamos entrar en su menú…). Había algo de mayor interés para él. A unos cien metros, una manada de más de doscientas cebras pastaban tranquilamente.

Las doscientas cebras están a la derecha. Foto: Francisco Elorriaga

El leopardo caminaba lentamente, agazapado entre la hierba, sabiendo perfectamente cuándo debía detenerse y esperar. Su abdomen prácticamente rozaba el suelo y sus omóplatos sobre salían sobre el resto de su cuerpo. A mí siempre me han maravillado los leones, pero no creo que haya un animal más bonito que este… Cada tres metros, se detenía para observar. Poco a poco se fue acercando a su objetivo, mientras que cada vez se hacía más pequeño para nosotros. Finalmente, desapareció entre las verdes hierbas de la llanura del Serengeti. Lo hizo de la misma forma que había aparecido, sin hacer un solo ruido. Esperamos y esperamos pero el depredador no volvió a dar señales de vida.

Foto: Francisco Elorriaga

Nosotros continuamos nuestra ruta con la incertidumbre de si aquel hermoso asesino habría logrado hacerse con su presa. Mike (guía) nos explicó que, de todos los depredadores africanos, el que acabábamos de ver era el que mayor porcentaje de éxito tenía. Así que, si no lo logró esa vez, no tardaría en hacerlo. Otra cosa  que nos contó es que, si de algo disfrutaba un leopardo, era del placer de matar. Daba igual que no tuviera hambre. Era el único animal que disfruta de la caza. Una vez Mike llegó a ver a un solo animal con tres presas en un árbol, únicamente comiendo de una. No resulta difícil de creer al recordar cómo vimos a aquel animal acechar entre la hierba…

Foto: Francisco Elorriaga

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