Consejos para regatear sin morir en el intento: ¡A jugar!

Si viajas fuera de Europa, sobre todo a América del Sur, Asia o África, probablemente te encuentres con una costumbre extraña a la hora de comprar. El extraño juego que consiste en el baile de precios entre comprador y vendedor muchas veces se escapa de nuestro entendimiento y acabamos pagando más de lo necesario. Aprender a regatear es un arte y en este caso, nuestros amigos de otros continentes nos llevan mucha ventaja.

Paseas por uno de los mercados de Vietnam. Nada más acercarte a cualquier producto, lo primero que pasa es que el vendedor local se te acerca y te da los buenos días. Todavía no lo sabes pero en ese momento ya ha empezado el juego. Te interesa algo que has visto. Preguntas el precio. Demasiado caro. No pasa nada. El mismo vendedor te acerca una calculadora y te señala que le indiques tú mismo el precio que estás dispuesto a pagar. Increíble pero cierto. Una de las cosas que más nos chocan cuando salimos de Europa es la costumbre que existe en el resto del mundo a regatear a la hora de comprar. Nosotros estamos acostumbrados a los precios fijos. Ni por un momento se te ocurre decirle al dependiente de la Zapatería Don Carlos que en vez de 50 euros vas a pagar 25 por unas zapatillas. Regatear al fin y al cabo no es más que un juego y, como en todo juego, existen trucos y técnicas para lograr gastar lo mínimo posible.

¿Cuándo empieza el juego? Presta atención a los detalles

Aunque no lo creas, el regateo comienza mucho antes de lo que tú crees. No lo hace con tu contraoferta, para entonces ya llevas un rato jugando y ni siquiera te has dado cuenta. Nada más poner un pie en la tienda, el vendedor ya te tiene perfectamente fichado, de arriba abajo.

Piénsalo un poco. Entra un chico a tu tienda. Este chico lleva colgada del cuello una cámara réflex valorada en casi mil euros, unos zapatos Adidas de cien y una camiseta que cuesta otro pico (nunca he sabido demasiado de moda). Inmediatamente pensarás que este cliente tiene pasta y creerás que puedes exprimirle al máximo, da igual que la cámara sea de su hermano y que su ropa no sea más que una falsificación. Trata siempre de ir vestido de la forma más simple posible, sin ninguna ostentación ni elemento que pueda hacer pensar que puedes pagar más de lo que estás dispuesto.

Para regatear deja la pena en casa

Esto ocurre muy a menudo. Como no estamos acostumbrados a regatear, tampoco sabemos las reglas del juego. Debes tener claro que NINGÚN VENDEDOR VA A SALIR NUNCA PERDIENDO. Incluso si crees que has conseguido el precio de tu vida y que “has ganado” la negociación, ten muy presente que el dueño de la tienda ha ganado aun más. Muchas veces pondrán cara de pena, te dirán que tiene que dar de comer a su familia e incluso te presentarán a su familia. Esos tipos controlan a la perfección técnica de dar pena.  Otro truco que usan es el de “hacerse tus amigos”. Te preguntarán de dónde eres, les responderás y te dirán cuatro tonterías en tu idioma, ¿de verdad crees que le importa de dónde eres? Estos vendedores tratan con quinientos turistas cada día. No le importas, solo es parte de su juego.

Apunta más bajo del objetivo

Al regatear, estate seguro de que nunca vas a conseguir comprar algo con la primera oferta que lances. Y si lo haces, malo, significa que podrías haber bajado mucho más. Ten muy claro el precio que estás dispuesto a pagar y haz que tu primera oferta sea al menos un 25% más baja. A partir de ese momento comenzará el baile de números.

Sé flexible

Como en todo juego, al regatear unas veces saldrás “ganando” y otras no. No debes tener un precio fijo para lo que vayas a comprar. No te cierres en banda con un número. Muchas veces, su oferta solo te supondrá perder unos cuantos céntimos de más con el cambio de moneda. En otras ocasiones, puede ser que tu oferta sea realmente baja y hayas pecado de optimista. Normalmente si esto ocurre, el vendedor directamente se dará la vuelta y hará como si no existieses (literalmente).

Benditos lotes

Foto: Francisco Elorriaga

A la hora de regatear, cuanto más compres, mejor. Esa es la máxima de cualquier negociación. Mi consejo, y lo que yo suelo hacer, es comenzar reduciendo el precio al máximo de un solo producto. Una vez llegados a una especie de acuerdo y cuando veo que no voy a lograr un precio mejor, pregunto en cuánto se me quedaría el precio si comprase dos o tres objetos. Ahí comenzará otro nuevo baile de números en el que, pase lo que pase, pagarás menos que en el primer precio que lograste.

¡Trabajo en equipo!

Si viajas con amigos, mejor. Ahí tendrás una mina que explotar. Durante la negociación, habla con ellos en tu idioma (cuidado con el lenguaje que utilizas porque algo entienden), pon malas caras mientras lo haces, ¡que piensen que te vas a ir! Si te ven dubitativo, te lanzarán una oferta más baja.

Otra clásica técnica para regatear que no falla es la del poli malo. Muéstrale a tu amigo lo que quieres comprar y dile el precio que se está barajando. Él hará de poli malo, dirá que no, que es demasiado caro, incluso que haga algún que otro gesto hacia la calle. El vendedor automáticamente pensará que ese (cabrón) va a lograr que pierda un cliente. Os aseguro que hará lo posible para que os quedéis dentro de la tienda (guiño, guiño).

El balón siempre en su tejado

¡Nunca seáis vosotros quienes lancen la primera oferta cuando vayáis a regatear! Muchas veces te pondrán la calculadora en la mano y te preguntarán a ver cuánto pagarías por lo que quieres, ¡Es una trampa! ¡Deshazte de esa calculadora! Devuelve la pelota preguntando a ver cuánto estaría dispuesto a pagar él. Imagina que su precio es más bajo de lo que tú estabas dispuesto a decir…

El mítico “hasta luego”

Lo cierto es que en Vietnam esto no funcionó demasiado bien, pero en Tanzania no fallaba. Es fácil, si ves que el vendedor no se lanza a dar una última oferta más baja, sonríe, dile que no te interesa y ve hacia la puerta leeeentameeeente. Lo normal es que el vendedor te atrape antes de salir y te dé este último precio.

Los tratos no se rompen

Foto: Francisco Elorriaga

Una vez llegado a un acuerdo después de regatear, es definitivo. Da igual que un minuto después veas al vendedor lanzar una oferta más baja a otro turista por el mismo producto. Tampoco vale arrepentirse. Los tratos cerrados deben respetarse.

¡JUEGA!

Regatear es un juego así que, ¡DIVIÉRTETE! Bromea con el vendedor, síguele las gracias, háblale de tu viaje, de lo bien que lo estás pasando, llámale friend, dile (respetuosamente) que esta crazy… ¡JUEGA! A la mayoría de los vendedores les encanta que sigas las normas del juego, no están acostumbrados a esto por parte de los turistas, sobre todo de los europeos. En Hanoi, por ejemplo, conseguí pagar 18 euros por dos abrigos North Face diciéndole a la vendedora que al día siguiente íbamos a viajar a Sapa y que ella sabía que en ese sitio los íbamos a conseguir más baratos (era mentira).

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