Sobreviviendo en Melilla

Hace poco tiempo, por motivos de trabajo – qué bien suena esa frase -, tuve la suerte de poder ir a visitar durante una semana la Ciudad Autónoma de Melilla, uno de esos territorios para en ocasiones parecen olvidados para el resto de España. Craso error. Como siempre, pude conseguir hacer un hueco en mi agenda para dar una vuelta – más bien varias porque mi orientación jamás fue buena – por esta ciudad situada a orillas del mediterráneo.

Lo primero de lo que uno se da cuenta al bajar del avión es que, aunque esa tierra sigue siendo España, Melilla se encuentra en otro continente. Algo obvio, tan solo hace falta mirar un mapa. Pero a lo que me refiero es a que esta ciudad es más parecida a Marruecos que a la mayoría de ciudades de la península. Las costumbres de su gente e incluso su lengua en muchos casos a veces nos hace olvidar que seguimos estando en España.

La Ciudadela de Melilla

De Melilla me lleve una grata sorpresa. Uno de los puntos clave de la Ciudad Autónoma, y uno de los más reconocibles, es la Ciudadela, también conocida como Melilla La Vieja. Esta construcción militar defensiva está compuesta por cuatro recintos amurallados. Es pequeña y se puede recorrer entera en muy poco tiempo. Yo pude hacerlo de día y de noche y lo cierto es que se lo recomiendo a cualquiera que vaya a visitar la ciudad. Además, tuve la suerte de que mis días aquí coincidieron con la celebración de un Mercado Medieval, por lo que la ciudad estaba vestida de gala con puestos artesanales y espectáculos callejeros.

Dentro de la Ciudadela de Melilla se encuentran las Cuevas del Conventico, unas grutas naturales creadas por el paso del agua. Por estas cuevas pasaron los barcos fenicios, los romanos y los árabes. Su nombre se debe a que aquí se organizaban diferentes oficios religiosos en los tiempos de guerra. Se puede hacer una visita guiada por su interior.

Una ciudad económica

Melilla es una ciudad realmente barata para comer y para estar. Los bares y restaurantes son bastante económicos y la comida es buena, sobre todo el pescado. Nosotros encontramos un lugar – un antro de mala muerte – llamado La Gaviota del que nos convertimos en clientes asiduos. Pescado de gran calidad y a precios de risa.

Una de las ventajas de que Melilla sea una ciudad vecina de Marruecos es que cuentan con su mismo gusto por el regateo. En muchos puestos y tiendas ellos mismos te dan pie a la negociación de precios. Lo malo de esto es que muchas veces se toman tus negativas como un llamamiento a seguir bajando precios y se hace un poco pesado.

La Playa de Ensenada de los Galápagos

 

Una de las cosas que más me gusto de Melilla fue una de las playas a las que fui. La Playa de Ensenada de los Galápagos está dentro de las murallas de la Ciudadela. Es una playa pequeña con agua de color turquesa y con poca gente, al menos los días que yo fui. Además, es una playa que cierra por la noche, con lo que nos ahorramos toda la basura que puede generar la noche…

Valla de Melilla

Valla de Melilla
Valla de Melilla

El último día, poco antes de coger el avión de vuelta, pude ir a ver de primera mano la famosa valla de Melilla. Lo cierto es que es impresionante. La recorrimos con un amigo – argentino, no preguntéis… – que lleva años viviendo en la ciudad. Nos explicó los entresijos de aquella zona y cómo en las noticias apenas aparecen la mitad de los intentos de salto que hay. Que estos son frecuentes y que últimamente lo son todavía más.

La valla está formada por dos alambradas de unos doce kilómetros de longitud y de seis metros de alto separadas por un amasijo de alambres – llamado Sirga tridimensional – de unos tres metros de ancho que sirve para evitar el paso. La Valla de Melilla es imponente y solo con verla hace comprender las dificultades que atraviesan quienes intentan cruzarla

Lo negativo de Melilla

La parte negativa de la ciudad es el ambiente que hay en según qué zonas. Por la noche no es extraño ver a chicos menores de quince años aspirando pegamento de pañuelos. Muchas calles cierran rápidamente las puertas de sus garajes en cuanto un coche de policía enfila la calle… sospechoso. Tampoco es raro ver peleas entre personas de casi cualquier edad, literalmente. Es más, yo tuve que separar a una pareja de señores que bien podrían ser mis abuelos justo antes de que llegaran a las manos dentro del pabellón en el que estaba trabajando. “Si os queréis matar, por mi bien, pero hacedlo fuera de aquí”, espero que no les diera ideas…

Melilla es una ciudad llena de encanto por la que han pasado un gran número de civilizaciones que han dejado su huella. Lo cierto es que, quitando el ambiente que había por la noche, la ciudad me sorprendió puesto que no llevaba grandes expectativas.

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